Cuando todos los colombianos albergábamos, con moderado optimismo, la idea de que las FARC estaban resueltos a liberar a 5 de los secuestrados en su poder, aun a sabiendas de que su propósito no se orientara por cauces estrictamente humanitarios, hechos recientes como el plagio de dos trabajadores de la empresa Cartón de Colombia en El Tambo, Cauca, y, a su turno, el incumplimiento en su compromiso de liberar al mayor de la Policía Guillermo Solórzano y al cabo del Ejército Salín Sanmiguel, nos lleva a reflexionar de nuevo sobre la consecución de la paz y el fin del conflicto armado interno en este país para, finalmente, atribuirles a tales pretensiones, la cualidad de ilusorias.
Mientras se precian de obrar loablemente mediante “un gesto de humanidad” que, dicho sea de paso, es ofrecido a cuentagotas, las FARC, paradójicamente, prosiguen perpetrando con jactancia actos execrables, con los cuales terminan por minar la expectativa de algunos cuantos que todavía creen ingenuamente en la posibilidad de promover escenarios de discusión y concertación política que pongan punto final a la violencia.
¿Cómo creer en la posibilidad de abrir las puertas a un diálogo que tan sólo tiene un interlocutor? ¿Qué puede esperar el pueblo colombiano de un grupo terrorista que incumple con un mínimo compromiso? En este punto y dadas las actuales condiciones, resultaría totalmente disparatado aspirar siquiera a pensar, como algunos lo han insinuado tímidamente, en lo que se ha dado en denominar como la instalación de una Constituyente por la paz. Asunto que, por ahora, no cabe en la cabeza de nadie, máxime, cuando somos nosotros mismos quienes vemos cómo nuestra libertad y nuestra propia vida son sometidas vilmente como medio para satisfacer sus fines.
Si en realidad el objetivo de las FARC fuese la búsqueda de una solución distinta a la guerra, hace mucho habría liberado a la totalidad de los uniformados que todavía se encuentran en cautiverio, dejarían de lado las redes mafiosas del narcotráfico y con ello, el secuestro, la tortura, los atentados, los asesinatos y, en general, todo acto en contravía del respeto por los derechos fundamentales, la convivencia pacífica y un orden justo. Todo, claro está, sin lugar a condicionamientos de ninguna clase.
Celebramos, sin embargo, que la misión humanitaria nuevamente autorizada por el Gobierno Nacional para la liberación de los dos cautivos que, en un principio, fue frustrada por obra de las argucias de las propias FARC, quienes ahora aducen desconocer las razones que dieron al traste con la entrega unilateral de sus “prisioneros de guerra”, se haya llevado a cabo con éxito y dentro del marco previamente establecido en los respectivos protocolos.
Instamos categóricamente al grupo subversivo para que libere de una vez y por todas a los secuestrados que aún se encuentran cautivos en condiciones infrahumanas en la manigua de Colombia.
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